Catetos de ciudad

De qué está lleno el campo??? Pues de catetos de ciudad. Y digáis lo que digáis, así es.perigord-838621_960_720

El término “cateto” se usa de forma bastante peyorativa para designar a una persona “pueblerina o palurda”. Si busco la definición de “palurda” me encuentro con que hace referencia, también de una forma bastante denigrante, a una persona “rústica e ignorante”, así que no puedo más que expresar mi asombro por el hecho de que parece que para ofender a alguien no hay más decirle que es “de pueblo”.

Lo más llamativo sin embargo es que los que vivimos en la ciudad, cuando necesitamos liberarnos de la tensión de la urbe nos vamos corriendo “al pueblo” normalmente con ganas no precisamente de pasarlo bien, sino con la intención de que no pase nada y poder disfrutar de una agradable tranquilidad lejos del bullicio de la gran ciudad. Sin embargo, siempre hay quien va al campo a hacer el ridículo. En relación con la conducción puedo hacer tres grandes grupos (los conductores de ciudad, los ciclistas y los motoristas).

Hace un par de fin de semanas que me comentaron la posibilidad de ir a Chía (Huesca) para quedar con varios amigos que por causas de la vida están repartidos por media España. La idea me pareció tan buena que acepté, así que preparé el coche (niveles, presiones,…), preparé la maleta y preparé al perro.

Captura de pantalla 2016-08-26 11.13.58En mi viaje, lo primero que me llamó la atención fue el buen estado de las carreteras en la zona de Huesca, sobre todo después de hacer circulado desde Barcelona hasta Lérida por la desastrosa A2. De veras que debo decir que tanto el trazado como el estado de la A22 es el ideal para conductores tranquilos como yo y el poco tráfico que había me permitió abusar bastante del control de velocidad.

Sin embargo todo lo bueno se acaba y poco después de pasar la localidad de Monzón hay un desvío que te dirige directamente hacia una pérdida absoluta de los nervios: la salida hacía el valle de Bensaque.

Los primeros kilómetros ya de carretera convencional fueron tranquilos hasta que  poco después de pasar Barbastro empezaron a aparecer las primeras “manadas” de ciclistas circulando en grupo e invadiendo la práctica totalidad del carril.

Dejando de lado la obligación que tienen los ciclistas de ceñirse al margen derecho de la carretera, el circular en grupo me parece tanto una temeridad como una falta de respecto hacia los demás usuarios. En cualquier casi, como se puede decir que ya estoy “escaldado” de encontronazos con ciclistas, debo decir que para adelantarlos ralentizo la velocidad hasta situarme detrás de ellos y a su misma velocidad hasta poder adelantarlos, que es justo donde empiezan mis problemas…

gra-ciclismo--575x323Con independencia de que los ciclistas hagan los que les dé la gana sin que ni una sola administración pública tome medidas al respecto, yo prefiero hacer las cosas cómo me han enseñado y como me indica la Ley sobre Tráfico, Circulación de Vehículos a Motor y Seguridad Vial.

Lo primero que hago siempre antes de iniciar un adelantamiento en horas de luz solar dar un par de toques al claxon para indicar mi intención de adelantar tal como me ampara el artículo 44, punto 3, sección 10ª ya como las bicicletas no equipan retrovisores yo no puedo estar seguro de que hayan visto mi intermitente. Pues cuando hago esto esperando que los ciclistas cumplan el artículo 36, punto 1, sección 6ª que les obliga al vehículo adelantado a ceñirse a la derecha lo que suelo observar es que me responden con norma general con aspavientos e insultos que no vienen en absoluto al caso y que demuestran en gran medida, una vez más, el gran desconocimiento generalizado que de la normativa vigente por parte de este colectivo. Pero, podemos hacer algo los conductores? Pues sí: aguantarnos.

Bueno, el viaje sigue y comienzan los problemas serios: la N260 a su paso por la garganta del río Ésera.

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Qué barbaridad!!! Nunca había visto a tantos motoristas jugarse la vida ni poner en peligro la vida de los demás de una forma tan continuada. Este trozo de carretera, de buen asfalto pero de trazado nefasto y de preocupante estrechez es usado por un montón de motoristas para tomar las curvas como si fuera un circuito y lógicamente lo que tenía que pasar pues pasó: en una curva cerrada hacía la derecha sin ningún tipo de visibilidad apareció una motaza con matrícula italiana que al verme y para evitar un choque totalmente frontal tuvo que dar un par de volantazos (o manillazos, no sé en este caso). Al final quedamos los dos totalmente parados en paralelo y el tonto que circulaba con su todo terreno a poco más de 20 centímetros del paragolpes trasero de mi coche. Por cosas de la vida y de la poca educación, en los cinco segundos que motorista y yo estuvimos mirándonos a los ojos con cara de pocos amigos por mi parte, fue el abuelete del coche de detrás el que comenzó a tocar el claxon y hacer aspavientos.

He de decir en este caso, que cuando tanto el motorista como yo recuperamos la recuperación y el ritmo del corazón nos permitió hablar, el motorista se mostró totalmente avergonzado y no supo cómo pedir más disculpas mientras reconocía que si fuera por mi prudencia hubiésemos colisionado. Entre tanto el conductor del vehículo que me seguía volvió a tocar el claxon, así que entre risas tanto el motorista como yo mantuvimos cortada la circulación unos segundos más, que uno es prudente pero también un poco cabroncete…

Y ahora que hablo de gente con prisa y de vehículos “todo terreno” (entre muchas comillas, voy a pasar a hablar del siguiente grupo de parásitos de la carretera…

9641618410_87434d9d74_bCuando conduzco por autopista o por carretera convencional, por muy buenas que sean las condiciones de conducción, siempre respeto los límites de velocidad no tanto por miedo a sufrir un accidente sino porque una multa por exceso de velocidad, además de ensuciar mi expediente como conductor, puede llegar a desequilibrar mi presupuesto mensual.

Otra cosa que hago cuando conduzco, en este caso por autopistas, es fijarme en los portamatrículas de los coches que me adelantan para saber de dónde son y evitar así el aburrimiento en el que en ocasiones podemos caer los conductores. Además, puede llegar a ser divertido porque en ocasiones, los que abusamos del control electrónico de velocidad, podemos entretenernos contando las ocasiones que podemos llegar a adelantar o a ser adelantados por el mismo vehículo.

Sin embargo, hay algo que puede llegar a ponerme de muy mal humor cuando circulo por carreteras viradas y estrechas: el exceso de “prudencia” de otros conductores. Cierto es que hay tramos de la carretera que son ciertamente peligrosos, pero lo que no considero justo es que un vehículo que toma las curvas a velocidad casi nula, luego acelere a fondo en las pocas rectas que hay y que no permita de forma deliberada el adelantamiento una y otra vez. En la siguiente curva otra vez a cero kilómetros por hora para salir acelerando a todo lo que pueda dar el coche. Realmente me parece una actitud bastante estúpida y desconsiderada. Lo curioso de todo esto es que la mayor parte de vehículos que me encontré en los casi 60 minutos de carretera “mala” eran vehículos todo “terreno”, con mecánicas diésel y con portamatrículas que delataban su origen urbano, Barcelona o Tarragona en su mayor parte.

Debo reconocer que cuando surgió el planazo de ir a Chía tuve que buscar en un mapa porque no tenía ni idea de dónde estaba, pero os aseguro que no hace falta un todo terreno para ir. Yo he ido con un vehículo de propulsión trasera y de veras que no eché en falta la tracción total en ningún momento.

Eso sí, cuando llegué no pude más que sorprenderme cuando vi que uno de mis amigos se había comprado un todo camino, diésel y con tracción simple… Qué decepción!!!

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De veras que nunca entenderé está manía de los todo camino para circular por carreteras ni la adquisición de vehículos diésel por parte de aquellos conductores que sólo usan el coche en ciudad o de forma muy ocasional. Sólo espero que cuando se le encienda el testigo del filtro de partículas miren en el manual de instrucciones del coche lo que hay que hacer y no me pregunten nada, porque puedo llegar a morder!!! (Es broma) (bueno, medio broma).

Una vez en el pueblo, yo que también soy de pueblo, aproveché para conocer la zona, los pueblitos encantadores que hay en el valle de Benasque y para comer productos de primerísima calidad como si no hubiera mañana. Eso sí, a unos precios fantásticos y no como los venden en las grandes ciudades bajo la etiqueta de “producto ecológico”.

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Pues una vez que nos posamos del coche dispuestos a conocer un pueblo, siempre habrá quien se acerque a cualquier lugareño para hablar con ellos. No puedo decir que yo sea una persona poco sociable, pero… qué es lo que pasa con los urbanitas cuando llegan a un pueblo que tienen que hablar con todo el mundo???

“Es que a la gente de los pueblos les encanta que hablen con ellos”

A ver, vamos a ir por partes, que esta frase no tiene desperdicio alguno. Para empezar, a la gente de la ciudad también le gusta hablar, lo que pasa que el ritmo acelerado y caótico que nos imprime la vida en la gran ciudad nos hace olvidar las relaciones humanas. Incluso cuando alguien se acerca a hablar con nosotros mostramos cierto recelo. Por otro lado, cuando una persona está sentada tranquilamente a la puerta de su casa, viendo pasar los turistas que cada fin de semana invaden sus pueblos, puede que le guste hablar con la gente pero, claro está, con los mil primeros por favor, que esta persona estaba descansando a la sombra, no haciendo recepción en la plaza mayor.

Somos muchos los que nos gusta pasar nuestros días libres en la tranquilidad en cualquiera de los miles de pequeños pueblos que hay repartidos por la geografía española, siempre y cuando pueda llegar en coche, que todo debo decirlo, je, je!!!

2014 04 18

En la mayor parte de los pueblos españoles se puede descansar de la tensión de la gran ciudad, encontraremos gente maravillosa y de gran integridad, mucho más leal que la gente urbana y que nos harán sentir como en casa. Por último, comeremos como auténticos señores los mejores productos de la zona a precios que a veces nos harán soltar más de una carcajada, pero caray, como nos complican en ocasiones los catetos de ciudad el poder llegar a estos paraísos terrenales…

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