Qué es el lujo???

Qué pregunta tan bonita, no? Pues sí, tan bonita como estúpida.

Según el diccionario hay varias acepciones de la palabra “lujo” pero en una España tan “choni” como la que no está tocando vivir en el mundo de la automoción son muchos los que se quedan con la primera, aquella que define el lujo como “exhibición o manifestación de riqueza“. En este sentido no hace falta más que salir a la calle y ver qué tipo de coche es el que últimamente se está poniendo más de moda en nuestras ciudades…

Por desgracia, la lectura no es una de las actividades preferidas de los españoles y son pocos los que descubren que una de las acepciones de la palabra “lujo” es la que lo define como “(cosa) que presenta una cualidad superior o inigualable entre los de su especie“.

Esta última acepción de lujo es la más amplia y la nos permite añadir todo al saco común. Así por ejemplo, los propietarios de un Smart Fortwo considerarán como un auténtico lujo la facilidad de aparcamiento de este simpático urbano o la agilidad que tiene para moverse por el tráfico urbano. Y es que la exhibición o manifestación de riqueza que puede desprender un Rolls Royce es inigualable… pero quizás no es el mejor coche para moverse por el centro de Londres.

Con esto quiero decir de una manera clara que el lujo es algo tan variado como la oferta de vehículos que hay en estos momentos por eso debemos ser cautos al valorar el coche de nuestros conocidos y saber elegir nuestro verdadero “lujo” con independencia del coche que tenga nuestro vecino, algo el español medio aún no tiene muy claro.

A la hora de comprar un coche aún son muchos los que se dejan guiar por el que dirán cuando les vean dentro o, mejor explicado, por lo que creen que dirán. De hecho aún en los tiempos que corren son muchos los que valoran una posible compra en virtud de que si un amigo tiene un determinado coche o si su familiar más odiado tiene otro determinado vehículo y, claro está, no podemos ser menos…

Llegados a este punto es cuando son muchos los que deciden pasar la delgada línea que separa el lujo de la estupidez. Más o menos lo que hoy está tan de moda denominar como “línea roja”.

Ahora están de moda los coches desorbitadamente grandes, a poder ser con apariencia de todo terreno y con paquetes de estética deportiva. Lógicamente han de tener mecánicas diésel y neumáticos con más pulgadas que en el plasma del salón. Eso sí, para terminar de cuadrar el círculo es imprescindible quejarse por todos los medios de lo caro que es el mantenimiento de los motores de 8 cilindros o de lo poco que duran los neumáticos de 20″. Por que eso sí, nos gusta mucho vanagloriarnos de nuestro nivel adquisitivo con la compra de un coche que en la mayoría de las ocasiones está por encima de nuestras posibilidades, pero a la hora de mantenerlo nos apretamos los bolsillos como si lo necesitásemos para comer. Y esto NO es lujo.

Quizás el coche más lujoso que nos podamos comprar sea aquel que nos guste, que nos haga sentir cómodos, que nos resulte práctico, que nos lo podamos comprar y, sobre todo, que podamos mantener.

Si somos capaces de comprar un coche siguiendo estas directrices tan sencillas seremos unos verdaderos afortunados y podremos aprender a disfrutar de nuestros vehículos sin preocuparnos nada más que por conducir.

A mí no me parece tan difícil…
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