Oro parece, plata-no es…

Lo he dicho varias veces y sigo opinando igual: no me gustan los coches que no son lo que parecen, que no parecen lo que son, o que ni son ni parecen lo que aparentan. Con esto quiero decir que nunca me han llamado la atención toda esta nueva generación de todo caminos enfocados al asfalto, porque el mismo nombre se contradice…

Para empezar, la gran diferencia entre todo camino o todo terreno hay quien la basa en la ausencia o no del grupo reductor del cambio, algo que para mi no tiene mucha razón de ser porque se trata de un elemento que sólo se usa en situaciones muy puntuales de extrema dureza del suelo.

El problema me viene cuando hablamos de vehículos todo camino para los que el fabricante anuncia que “esta orientado a su uso en el asfalto”. Qué significa esto? Me parece bien que las marcas de automóviles se preocupen por nuestra seguridad, sobre todo en estos momentos en los que la falta de inversión en infraestructuras nos hace pensar que el Gobierno de España no lo hace, pero de ahí a recomendar un coche con neumáticos enormes, y más de 20cm de altura libre sobre el suelo me parece tener una opinión muy desfavorable sobre el estado de las carreteras en España.

El caso es que dicen que rectificar es de sabios, y yo que me pego a todos, pues también lo hago. Y es que ayer he conducido brevemente uno de estos vehículos a los que no sabría asignar un segmento de pertenencia, el Mazda CX5 y sigo pensando igual, pero con matices…

Estéticamente, el nuevo Mazda CX5 tiene una línea poderosa con una forma bastante cuadrada pero suavizada por la particular forma de la línea de tensión lateral y de los accesorios de su frontal. La trasera quizás sea la parte menos innovadora del diseño del Mazda CX5. No es que sea un diseño aburrido, pero tampoco destaca por nada. En cualquier caso, el diseño general de este coche disimula su tamaño, que supera los cuatro metros y medio.

En el aspecto mecánico, este nuevo todo camino se diferencia del resto de la competencia por introducir una serie de novedades tecnológicas en sus motores con utilidad real y beneficios valorables en su utilización diaria. Así, este Mazda CX5 que he podido probar, huye de las teorías conspiratorias del DownSizing, y en su lugar confía la dinámica a un bloque de 2.191cc capaz de ofrecer un potencia de 150cv a 4.500rpm, una cifra correcta aunque a un régimen ciertamente elevado. Pero lo más llamativo de este nuevo motor Mazda es que ofrece un par máximo de 380Nm a sólo 1.800rpm lo que garantiza una cierta capacidad de recuperación incluso en marchas largas. Todo ello, a cambio de sólo 4,6l/100km de consumo medio (que luego siempre es más…)

El interior de este todo camino es, sin lugar a dudas, la parte que menos me convence del Mazda CX5 y, en general, de todos los Mazda. Es mi opinión, y consensuada con sus propietarios, que el diseño interior del Mazda CX5 es un poco ochentero. En este sentido, no sólo choca con la exuberancia estética exterior, sino que choca con todos los coches de la competencia. La presentación interior de un Volvo XC 60 o de un Range Rover Evoque es mucho más acogedora a primera vista que la de este japonés. Además, en su realización, los diseñadores ha tirado de efectos estéticos con ciertos toque deportivos que no encajan con lo que debería ser la filosofía de un coche de este tipo.

Hasta aquí, no he dicho nada que me impidiese en un futuro considerar la compra de un Mazda CX5, pero tampoco nada que me hiciera dejar de valorar al Mazda 3 equipado con el mismo motor, mismo equipamiento y 6.500€ más económico. Así que voy a dejar de hablar sobre datos y magnitudes para explicar la prueba a partir de lo que he visto y sentido al volante de este coche.

Lo primero que me ha llamado la atención es que en maletero de este coche caben dos sillitas de bebé marca Bugaboo completas, lo que significa que no sólo hay capacidad, sino que el amplio portón trasero, que antes me parecía de diseño tan anodino, facilita la operación de carga y descarga. También la bandeja flexible para ocultar el equipaje, al estar enganchada al portón y no a los laterales del coche, permite llenar el maletero del coche e incluso superar la línea de cintura sin tener que hacer nada. Este detalle si que puede ser un punto favorable del Mazda CX5 respecto al Mazda 3, aunque es un punto que debe valorarse de forma individual según las necesidades reales de cada comprador.

Acceder al habitáculo se hace de una forma más cómoda y natural de lo que en principio podría pensarse. La altura del coche, 167cm, facilita enormente esta operación sin comprometer la maniobrabilidad del Mazda en aparcamientos cubiertos o en túneles de lavado. En este aspecto, si que el todo camino recibe un punto positivo frente a sus hermanos “convencionales”. 

En marcha, circulando en zona urbana, la postura elevada de conducción respecto a la de un turismo “convencional” no aporta nada, pero tampoco molesta. Sólo tiene la ventaja de que me ha permitido mirar los escaparates de las tiendas por encima de los techos de los coches adyacentes, pero esto no es punto valorable a la hora de comprar un coche…

Pegándose en por el tráfico de la capital catalana, el coche se muestra ágil, pero tampoco nos debemos engañar, porque se muestra igual de ágil que cualquier coche de su potencia. En lo que sí destaca es que, gracias a su buena cifra de par, la respuesta del motor es casi inmediata y en las primeras marchas se puede acelerar sin problemas. A la hora de detenerse, la frenada es muy progresiva, con un pedal que permite dosificar la potencia de frenado de una forma progresiva. Una vez parados, el sistema i-stop de corte de ralentí funciona con suma suavidad y en ningún momento dan ganas de quitarlo, comos si pasa en otros vehículos mucho más caros y con mucho más prestigio. Es cierto que desde que Fiat inventase en 1983 el Star&Stop, el sistema y su funcionamiento han cambiado mucho, pero a mí me siguen desesperando y preocupando…

Una cosa que sí me ha llamado la atención del Mazda CX5 es que a pesar del lamentable estado de las carreteras catalanas, en el interior no se escucha ni un sólo grillo de ningún tipo, lo que da idea de la buena calidad constructiva de este particular todo camino y de la rigidez de su bastidor. De todas formas, estos dos últimos aspectos son compartidos con el Mazda 3, así que otra vez más, la balanza no se inclina a ningún lado.

En carretera convencional, o incluso en grandes rondas urbanas, el motor responde bien. Otra vez gracias a su cifra de par, el coche es capaz de mantener 6ª velocidad incluso a 70km/h sin necesidad de reducir en pequeños repechos o para realizar un cambio de carril, de veras que me ha sorprendido. Quizás es en este medio dónde si pueda tener algún tipo de ventaja la postura elevada de conducción, porque permite varios coches por delante, pero esto es algo que, manteniendo la distancia de seguridad, tampoco debería ser un punto a tener en cuenta a la hora de decidirse por el Mazda CX5 o por el Mazda 3. En cualquier caso, y no habiendo probado aún el compacto, el Mazda CX5 tiene una postura al volante muy natural y a grandes rasgos se conduce como un compacto cualquiera.

Con todos estos puntos valorados lo cierto es que no sabría por cuál decidirme. Si alguien me hubiera preguntado ayer si merece la pena pagar los 6.500€ de sobrecoste de un Mazda CX5 sobre un Mazda 3 la respuera sido un rotundo no. Si alguien me lo pregunta hoy, no sabría que contestar…
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