Y con él, llegó la revolución.

La historia de la automoción está llena de vehículos que quisieron ser lo que ni eran, ni estaban preparados para ello, sobre todo en el segmento de los más pequeños. Así, a nadie se les escapa que a todos los fabricantes les encanta magnificar el sentido o funcionalidad de cualquier utilitario, atribuyéndole características o ventajas que se diluyen en el mundo real.

Sin embargo, hace ya más de 30 años, en el salón de Ginebra de 1980, el fabricante italiano Fiat demostró una vez más porque era el gran especialista en coches de pequeñas dimensiones con la presentación mundial del nuevo Fiat 141, el primer coche pequeño que realmente quería ser un coche pequeño. Finalmente se optó por el nombre de Panda.

Presentado inicialmente como sustituto natural del ya arcaico Fiat 126, el Fiat Panda comenzó su andadura comercial con dos motores tan anticuados como eficaces; por un lado, el Panda 30 llevaba el motor de dos cilindros y 652cc, y por otro lado, el Panda 45 llevaba ya un motor de cuatro cilindros y 903cc. Me imagino que cualquier persona que conozca un poco la historia de Fiat, sabrá que ambos motores ya eran “viejos conocidos”. Lógicamente, había mercados como el español en los que los motores de dos cilindros no eran bien acogidos, así que en 1982 se lanzó el Panda 35 con un motor de 843cc derivado del que llevaba el Fiat 850. Cómo se puede ver hasta ahora, la parte mecánica de los Fiat Panda no era precisamente un alarde ni de tecnología ni de novedades, pero es que era esto precisamente lo que se pretendía.

Las características del Fiat Panda eran similares a las de cualquier coche pequeño contemporáneo, pero costaba la mitad, era simpático y, sobre todo, muy útil. Por primera vez un coche prestaba tanta atención a las necesidades del día a día de cualquier conductor, y cuando digo de cualquier conductor, quiero decir,  de verdad, que de cualquier conductor. La instrumentación y el pequeño cuadro de mandos daban la información necesaria para evitar sorpresas, los indicadores luminosos estaban todos agrupados, y los escasos mandos disponibles estaban unos pegados a otros. El resto del salpicadero, era una enorme bandeja donde dejar cosas. Incluso el cenicero nómada de podía poner en cualquier parte del salpicadero. Otra detalle importante es que nunca se fabricó en serie un Fiat Panda con ningún tipo de acabado pretencioso, lo que le convirtió en un coche tan económico como querido, sobre todo por los jóvenes.

Todo en el Fiat Panda estaba hecho para durar,  para ser  práctico y para resultar económico, tanto en la adquisición, como en el mantenimiento. En el aspecto exterior del Fiat Panda “original” no voy a perder mucho tiempo porque creo que es uno de esos coches que no hace falta detallar para que la gente lo conozca. Sus trazos rectos, sus cristales planos, la ausencia de manilla exterior en las puertas… todo, absolutamente todo estaba diseñado para cumplir su función de la forma más económica posible.

El interior del Panda si que aportaba alguna novedad al mundo de la automoción… sus asientos. A nadie se le escapa que los asientos de este coche eran poco más que estores de playa tensados, pero teniendo en cuenta que el coche estaba pensado para desplazamientos cortos, cumplían perfectamente su función, además era fácilmente desenfundables y se podían lavar en la lavadora de casa. Además, gracias a su flexibilidad, al ingenio de los diseñadores y a la destreza / paciencia de sus propietarios, se podía convertir en una cómoda hamaca para dos personas. Sea por la razón que sea, este coche se convirtió pronto en el favorito de toda una generación de jóvenes conductores pero también supo conquistar el corazón de los más tradicionales usuarios, y es que al final, si un coche es capaz de hacer todo aquello que se espera de él o para lo que se necesita es el propio mercado el que lo convierte en un éxito. (los primeros años había una lista de espera de más doce meses!!!).

A finales de 1981, ya pensando en la gama 1982, se presentó el Panda 45 Tetto Apribile, que contaba con un techo practicable de goma compuesto por dos lonas tensadas que se podían abrir de forma independiente enrollándolas sobre si mismas. Su éxito fue su extrema sencillez. No dejaban de ser dos lonas negras, pero que permitían dejar correr el aire fresco en el coche y, como he comentado antes, cumplían a la perfección su cometido. De hecho, un año después a su presentación, se comenzó a comercializar esta versión con el motor de 30 caballos.

En 1982 se presentó el Fiat Panda Super. Exteriormente se reconocía por su parrilla plástica negra y por ser el primer Fiat en lucir el anagrama de las cinco rallas diagonales. Tenía también algún detalle diferenciador como los tapacubos, las molduras laterales pintadas, pero donde realmente dio un salto de gigante fue en el interior… por fin, había asientos!!! Las esterillas de playa se habían cambiado (sólo para este modelo) por unos asientos que, al menos visualmente, hacían al coche menos espartano, sin dejar de resultar práctico. En el apartado mecánico se le incorporó el cambio manual de cinco velocidades sólo para el modelo Panda 45 Super, ya que los Fiat Panda equipados con el motor de dos cilindros siempre equiparon el cambio de cuatro velocidades. 

En 1983 aparece el Panda que más famoso ha hecho a la saga y que más tiempo estuvo en fabricación. En colaboración con la empresa austriaca Steyr-Puch se lanzó el Fiat Panda 4×4. Para empezar, el motor era el que usaba el Autobianchi A112, con 965cc y 48cv, que se enviaba a Austria junto al chasis para ser convenientemente reforzado por el especialista austriaco, que se encargaba tanto de todo la transmisión del coche (el cambio era inédito, con una primera muy corta) como de reforzar la estructura del chasis y de la carrocería. Una vez terminaba su trabajo, el coche era enviado nuevamente a Italia, en esta ocasión a Sicilia, para ser terminado en la factoria de Termini Imerese.

El éxito del Panda 4×4 fue sin duda su máxima simplicidad mecánica. El sistema de tracción integral puramente mecánico, unido a la ligereza del conjunto (unos 750kg) permitieron al Panda ampliar su mercado urbano y buscar nuevos amigos en las zonas rurales, donde se mostró capaz de circular por pistas forestales o por empinadas cuestas con total garantía. Si las primeras unidades del Fiat Panda habían sido todo un éxito comercial, con la incorporación de los modelos con tracción integral se consiguió que en toda Europa no hubiera un rincón en el que no hubiera un Fiat Panda. En 1984 se fabricó el Fiat Panda número 1.000.000, y se celebró tal acontecimiento con una renovación o simplificación de la gama, estructurada a partir de entonces en los Panda L, Panda CL y Panda S, además de Panda 4×4.
En Enero de 1986 aparece la segunda serie. A nivel estético, el único cambio que permite diferenciarlo rápidamente de la primera serie es que la matricula trasera se pasa al paragolpes (antes en el portón).

A nivel mecánico, si se produce una renovación muy importante. Por un lado, los motores pasan a ser sólo dos, un nuevo 769cc con 34 caballos y un 999cc con 45 caballos para los modelos con tracción delantera ó 50 caballos para los modelos equipados con tracción integral. La suspensión trasera dejó de lado las ballestas (salvo en el 4×4) para adoptar el mismo eje rígido que usaba su primo el Lancia Y10, se reforzó todo el sistema eléctrico del coche y en los modelos más equipamos, se introdujo la instalación para la radio.

A finales de 1986 aparece el Fiat Panda D, com motor de gasóleo de 1.301cc y 37 caballos, equipado con cambio manual de 5 velocidades, primero con el acabado L y posteriormente con el acabado CL (el acabado más básico aún equipaba el salpicadero inicial de 1980.

Es también este año cuando aparece la versión más comercial del Panda, el Panda Van. Dotado de una especie de CarryBoy en la parte trasera, y de unas portezuelas plásticas en lugar de las ventanillas laterales traseras se convirtió en un éxito más del Fiat Panda. Durante años fue el microcomercial más vendido en Italia, muy valorado por profesionales que necesitaban un medio de transporte rápido y económico. Aún a día de hoy es fácil ver a muchos rodando por la calle. Como curiosidad, a partir de 1989, el Panda Van era el único que se podía comprar con motor de gasóleo.

En 1987 aparece el Fiat Panda Young, que no era más que un Panda 750 L con algo del equipamiento del CL, pero con una decoración exterior especial y un colorido interior incapaz de disimular su sencillez… pero se convierte en un nuevo éxito que vuelve a colapsar la fabricación de este utilitario durante meses. También es este año se sustituye el motor más capaz por uno nuevo dotado ya de inyección electrónica monopunto, se vuelve a remodelar para volver a simplificarla y reducir su gama que se había hecho un poco liosa y repetitiva. El caso es que el estos pequeños cambios volvieron a darle un empujón a las ventas de este pequeño urbano. Otra vez se colapsó la fabricación, aunque esto fue debido a que este nuevo motor de inyección se instaló en varios modelos Fiat a la vez.

Pero si hay un Panda que todos recordamos y que realmente tuvo un tirón de ventas a nivel europeo, éste ha sido sin duda el Fiat Panda Sisley 4×4. Comenzó su andadura comercial como un experimento, y de hecho, era un Panda 4×4 con el equipamiento y la presentación del Panda Super, todo ello envuelto en una serie especial en colaboración con el fabricante italiano Benetton. Tal fue su éxito, que no sólo dejó de ser una serie limitada para convertirse en un modelo de serie, sino que fue el único Panda que sobrevivió al lanzamiento del Fiat Panda – 169Este Fiat Panda Sisley 4×4, a parte de una estética campera claramente reconocible, llevaba tapizado en piel sintética y alcántara, instrumentación específica con altímetro e inclinómetro y techo tapizado en terciopelo. Posteriormente se lazó una versión un poco más económica denominada Fiat Panda Trekking.

En 1990, y con motivo del mundial, se lanza la versión especial Mondiali/Italia’90, con una estética particularmente fea, pero sin duda alguna, es en este año cuando se lanza el primer coche eléctrico de la era moderna, el Fiat Panda Elettra. Contaba sólo con dos plazas y tuvo una relativa buena acogida, ya que permitía recorrer 100km a una velocidad media de 50km/h, pero su precio desorbitado (como los eléctricos actuales) y las limitaciones propias de una logística que no estaba preparado para el coche eléctrico fueron las causas de una producción limitada. Como curiosidad, mantenía el depósito de combustible para activar un pequeño quemador capaz de dar aire caliente al habitáculo. En 1992 el Panda Elettra se mejoró con unas baterías de niquel-cadmio con más potencia y autonomía y unos frenos con recuperación de energía (otra novedad a nivel mundial).

En el año 1991 llegó el único Panda que no gozó en absoluto del favor del gran público. Se presentó el Fiat Panda Selecta, dotado de un motor 1.1 con 54 caballos y cambio CVT continuamente variable. El que debía ser llamado a ser el Panda más popular debido a la comodidad que aporta el cambio automático, tuvo sin embargo un comienzo difícil debido a la reticencia de la época por los coches automáticos, al elevado consumo real, al precio (sólo el 4×4 era más caro),  y porque en los años 90 la competencia ya había comenzado a ofrecer productos mucho más modernos que este pequeño urbano italiano. Aún así, es el Panda que más me gusta…

El Panda se mantuvo en el mercado como una alternativa interesante hasta el año 1995, cuando Fiat contaba ya con el Fiat Seicento y el Fiat Punto en su catálogo. Por otro lado, las severas normas de polucción y de seguridad obligaban al fabricante a una serie de reformas estructurales que acabarían totalmente con el espíritu Panda, así que se redujo la gama a una versión con motor de 899cc y 39 caballos (vendido casi en exclusividad en Italia) y otra con motor 1.108cc y 54 caballos para los modelos con tracción integral. 

El Fiat Panda “original” se canceló definitivamente en el año 2000, aunque sus últimos cinco años de vida comercial fueron un declive programado durante el cual, el Panda sólo tuvo pequeñas variaciones en colores, tapicerías o series limitadas conmemorativas… pero se mantuvo fiel al concepto Panda.

Hoy en día, no se ven tantos por la calle como cuando yo era joven, pero sin duda, es un coche que sigue despertando alguna sonrisa, al menos en mi.

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