La insoportable levedad del conductor

Desde que tengo uso de razón, siempre he echado en falta que en los medios de comunicación se dijera que las causas de un determinado accidente fueran debidas al lamentable estado de conservación de nuestra red secundaria de carreteras o por el mal estado, ubicación, y falta de claridad de muchas señales de tráfico. Además, normalmente se escudan en la velocidad como motivo de un siniestro, si bien, ahora ya no se habla de velocidad excesiva, salvo que sea evidente, sino que los expertos ya hablan de “velocidad inadecuada a las condiciones de la vía”. Esta pequeña diferencia semántica, pero rica en matices, pretende desviar toda la responsabilidad hacía el conductor, ya que es totalmente cierto, y recogido en el código de circulación, que la velocidad a la que conducimos ha de adecuarse siempre a la condiciones reales de la vía por la que circulemos. No es menos cierto que la velocidad genérica de una determinada vía, no es la obligatoria, sino la máxima permitida, por lo que tampoco hay ninguna obligación de circular siempre “al límite”. En determinadas vías, y en viajes cortos, podemos bajar nuestra velocidad 10 ó 15 kilómetros por hora, sin ningún tipo de problema; ahorraremos combustible y el tiempo extra invertido no será relevante.

La velocidad “inadecuada” está detrás de un alto porcentaje de accidentes de tráfico, y con esta escusa, las autoridades, lejos de arreglar los puntos negros de nuestras carreteras, desde siempre han preferido robar el dinero de los contribuyentes y limitarse a poner paneles informativos y en muchos otros casos, limitar la velocidad o prohibir el adelantamiento durante interminables kilómetros de rectas y rectas, no sin antes infectar las carreteras de radares, que sin tener afán recaudatorio echan multas de hasta 600€. En este sentido me parece interesante comentar que esta fijación por la velocidad se debe principalmente a que los radares trabajan de forma automática, lo que permite a muchos agentes pasar unas horas más en el bar. Considero que si no hubiera afán recaudatorio, los coches-radar irían pintados con lunares reflectantes.

Ahora, que se acaba el verano, aparecen las estadísticas siempre interesadas sobre la mortalidad en la carretera, sobre las causas de los accidentes, sobre qué colores de qué coches incitan a una conducción agresiva… de todo, hacen estadísticas de todo, y nosotros, como buenos españoles, nos inunda nuestra solidaria hipocresía y nos llevamos las manos a la cabeza cuando oímos que en entre julio y agosto de 2012 han fallecido 262 personas en accidentes de tráfico, pero… hacemos algo para evitarlo? Siento decir que NO (bueno, ni nosotros como conductores ni la autoridades).

Esta mañana salí con el coche, y cuando me incorporé a Gran Vía de las Cortes Catalanas… SORPRESA!!! Media Barcelona tuvo la misma idea y a la misma hora que yo. Para empezar, y sintiéndolo mucho, desde mi punto de vista, más de la mitad de los desplazamientos que se hacen en una gran ciudad con el coche pueden ser perfectamente realizados en los distintos servicios públicos, lo que además los haría automáticamente más rápidos y económicos, pero claro, aún hay gente que considera que su “nivel social y cultural” es demasiado alto como para compartir el servicio público con el resto de los mortales… pobrecitos; realmente me dan pena. Que yo sepa, nadie ha fallecido jamás por usar el servicio público. Lo que si nos puede acarrear diversas enfermedades, sobre todo coronarias y vasculares, es el sedentarismo y la falta de movimiento, y para eso, pocas cosas hay mejores que caminar de vez en cuando.

Sigo sin moverme de Gran Vía gracias en parte a la penosa y premeditada lamentable sincronización de los semáforos, pero llegados a este punto, pasa una moto y me da un golpe al espejo retrovisor… Disculparse??? No; lejos de disculparse la señorita, me puso verde por no dejar suficiente distancia con el coche del carril contiguo. No vamos a hacer carnaza, pero si por el mismo hueco llevaban pasando motos cinco minutos, donde no habría espacio suficiente quizás fuera entre sus neuronas para hacer correctamente la sinapsis. Le hago una foto con el móvil y ella que lo ve, se baja de la moto, se dirige a mi coche y me pregunta como una loca que porqué hice la foto. Lógicamente, para denunciarla. Al final, si que pidió disculpas… Para otra vez, qué hay que hacer? Poner su foto en todos los foros de internet??? Una vez más, sostengo que una gran parte de los accidentes leves de ciudad son debidos ni más ni menos, que a la falta de educación por parte de muchos conductores.

Después de este altercado en el cruce con Gerona, intentamos seguir por Gran Vía pero claro, aparecen los listos que creen que por ir cambiado constantemente de carril van a llegar antes al semáforo siguiente; de veras que no puedo entenderlo. En una calle de tantos kilómetros, y de un sólo sentido, y con todas las salidas a la derecha cortadas, no entiendo los cambios de carril más que mirados desde un punto de vista totalmente egoísta y cateto. Y si el problema es que hay que salir a la izquierda, pues la verdad, que después de tres kilómetros de atasco, considero que hubo tiempo de sobra para poder realizarlo con seguridad, tranquilidad y educación.

Llegados a este punto, y tras cuatro años viviendo en una “gran” ciudad, debo decir dos cosas sobre los cambios de carril…

1.- Los intermitentes no sólo no se desgastan sino que además de ayudar a informar al resto de usuarios de la vía pública sobre nuestras intenciones, forma parte de esas pequeñas obligaciones a cumplir cuando nos ponemos al mando de un vehículo.

2.- Con mucha pena y dolor, y sin ánimo de atacar las tradiciones más arraigadas de este país… el intermitente NO DA NINGÚN TIPO DE PRIORIDAD a la hora de hacer una maniobra, y que frases del tipo “es que no has visto que puse el intermitente???” no hacen más que reafirmar mi idea de que en este país sobran muchos carnés de conducir.

Seguimos circulando (yuhuuu!!!) y nos vemos antes otro gran reto para la inteligencia de los conductores en Barcelona; nos hayamos ante la plaza de Tetuán; cuatro carriles de entrada, cuatro carriles para rodearla, y cuatro carriles de salida. La teoría fácil, no??? Pues la práctica da pena y el desmadre que hay por la parte derecha es lamentable. Hay señal anterior informativa para la elección de carriles, pero da igual, somos muy españoles y hacemos lo que nos da la gana, pero no contentos con ello, siempre hay el que orgulloso de su ignorancia, atrevimiento y mala educación aún se atreve a tocar el claxon para recriminar a quien circula correctamente no haberle permitido hacer la payasada del año. Sobra decir que el uso de los intermitentes para señalizar la salida de la rotonda es nulo.

Ya con el tráfico más fluido seguimos por Gran Vía camino de plaza de las Glorias Catalanas y, esquivando como podemos a los “profesionales” taxistas que salen de su carril pisando la raya continua, nos vamos deteniendo en el semáforo del cruce con Padilla porque el semáforo se ha puesto ya en ámbar, momento que aprovecha el Audi A4 de atrás para tocar el claxon, hacer muecas, aspavientos, gesticular… tanto él como los acompañantes. Qué pasa??? Es que soy yo el único español que frena en los semáforos en ámbar??? Lógicamente, en cuanto el semáforo se pone en verde el payaso de atrás acelera a fondo y va pegado a mi coche hasta que consigue cambiar de carril y adelantarme con todos sus pasajeros mirándome con cara de asco… quizás sea que se vean reflejados en sus propias ventanillas.

La plaza de las Glorias está limitada a 50km/h, pero otra vez más, creo que soy yo el único que circula a esa velocidad, bueno, yo, algún extranjero perdido y algún taxista de estos que se dedican a robar a los clientes para sacar más dinerillo… Es que además tampoco merece la pena mucho acelerar  porque no sé porqué extraña razón, el semáforo con la calle Llacuna siempre lo pillo en rojo. Llegado este momento, para ahorrar pastillas de freno, combustible y nervios, prefiero dejar el coche morir poco a poco, adelantar al anterior Audi A4, tocar el claxon para saludarles (sí, soy un cabrón), ver que siguen con la misma cara de asco, y tener la suerte de que se ponga el semáforo en verde y volver a acelerar. Llegados a este cruce, ya se puede observar como la gran parte de los vehículos comienzan a hacer cola en el carril de la izquierda. No entiendo mucho estos cambios de carril en una vía undireccional sin salidas en más de tres kilómetros, pero para mi es positivo, ya que me dejan los carriles central y derecho para poder circular con tranquilidad.

Salgo de Barcelona por la autopista del Mareme y después de tener cuidado con la incorporación de Sant Adrià de Besòs, circulo por una vía con varias salidas e incorporaciones en la que me llama tremendamente la atención que todo el mundo circula por el carril central!!! El carril derecho suele estar vacío o infrautilizado. La razón no la sé, aunque a lo largo de estos años he oído una barbaridad  de estupideces, se lleva la palma la que me intentó convencer de que era por el gran respeto que se tiene en Cataluña a las incorporaciones desde otras vías. En todos mis años de afición al mundo del automóvil había oído infinidad de razonamientos cirquenses, pero reconozco que mi perplejidad aún se asombra de vez en cuando…

Otra conducta lamentable al volante en este tramo de carretera, y en general, en todas las que están plagadas de radares, es el frenar en seco cuando se va a pasar a la altura de un radar. Vuelvo otra vez a no lograr entender esta actitud. Personalmente creo que sería más fácil y cómodo dejar de acelerar para que el coche poco a poco vaya perdiendo la velocidad necesaria para poder pasar por delante del radar sin miedo a la sanción. Lo peor de todo no es el frenazo en si, sino el echo de que en las mayorías de las ocasiones esta deceleración repentina se lleva a cabo sin ningún tipo de respeto por los vehículos que circulan detrás, y en muchas ocasiones, en la recta de Badalona ha habido accidentes por alcance entre varios coches.

Después de media hora de coche, y de pasar por el desmadre que se organiza antes y después de los peajes, nos dirigimos a Mataró por la salida 95, donde no es raro ver coches que salen directamente desde el carril central. En estos treinta kilómetros largos de carretera he pasado por debajo de más de 10 radares de velocidad… pero no he visto ninguna patrulla de policía vigilando. No sé, ya he dicho que creo que en España falta más mano dura para vigilar las infracciones de tráfico y que se debían retirar más carnés de conducir. No comparto para nada que la velocidad sea la culpable de tantos accidentes como nos quieren hace ver y soy partidario del aumento en la velocidad genérica en vías de alta velocidad.

Por parte de las autoridades, me parece una vergüenza que sólo se dediquen a perseguir los excesos de velocidad con artilugios cada vez más caros, evolucionados y eficientes, y se olviden del resto de artículos del código de circulación, cuyo incumplimiento también genera situaciones de peligro. Considero que es inaceptable las “inversiones” realizadas en vehículos de gama medía-alta que sólo se usan para pasear y para ir buscando bares de carretera en los que parar a tomar el enésimo café del día o para quedar aparcados en el rincón más escondido (o prohibido) de una vía a hacer fotos. Para esto no hacen falta coches de 30.000 ó 40.000 euros pagados con el dinero de los contribuyentes. No hay crisis??? Porqué no se multa a todos y cada uno de los vehículos que, sin tener motivo, no circulan por el carril de la derecha, o a los que no ponen intermitente, o a los que no paran en los pasos de peatones y se deja de perseguir con tanto celo la velocidad??? Las respuesta es fácil… porque eso sería “trabajar”, y eso está mal visto…

Por la parte que toca a los conductores, repito que la falta de educación es culpable de muchos de los accidentes que a día de hoy hay en las carreteras, pero también opino que muchas de las imprudencias que se ven en carretera se deben en gran media a la gran dejadez de las autoridades a la hora de vigilar el tráfico rodado.

Puestos a ser sinceros, y bajo pena de que se me lapide, dejo bien claro mi punto de vista. Al Estado le da completamente igual que nos matemos en la carretera; lo único que le preocupa es el enorme gasto sanitario derivado de los accidentes. Creerse que dirección general de tráfico se preocupa por la seguridad o pensar que los radares no tiene carácter recaudatorio, me parece una regresión mental suficiente para quitarle a una persona el carné de conducir. Por último, en estos meses de verano se anunció que se cambiarían radares de sitio para demostrar la preocupación, en este caso del servicio catalán de tráfico, por la seguridad al volante. Disculpadme si no os gusta la traducción libre que he hecho, pero el cambio de ubicación de un radar sólo admite una lectura: los conductores ya saben dónde está y ha dejado de ser rentable.

Cuánto cuesta cada radar, ya sea fijo o móvil??? Cuántos hay en España??? Qué pasaría si se pusieran la mitad de radares y el resto del dinero se invirtiera en mejoras en la red viaria en cursos de concienciación para los conductores??? Eso si sería un fin social y me evitaría pensar en la contumacia con la que actúan las fuerzas del estado.

Llegados a este punto, tú qué haces para evitar los accidentes???
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