Cuando ser o no ser no es la cuestión

De siempre se ha sabido que en el mundo del automóvil se aprovechan los nombres “con tirón” para bautizar modelos que guarden ciertas similitudes con sus homónimos, aunque este parecido sea más bien sentimental que racional, como puede ser el uso del nombre Panda para designar tanto al exitoso modelo italiano de 1980 como a los nacidos en 2003 y 2012, y que se parecen tanto al primero como un huevo a una castaña, aunque en el fondo, muy en en el fondo, comparten un mismo espíritu de coche urbano y económico apto para la ciudad y para pequeños desplazamientos periféricos, que lo convierte en un modelo sumamente interesante como segundo coche.

En otras ocasiones se recurre a nombres antiguos con intenciones comerciales y engañosas, como han hecho los hombres de Ford en Inglaterra, cuando cambiaron el nombre del Ford Scorpio MKII de 1994, más conocido por “el espantomóvil”, por Ford Granada (su antecesor), y sus ventas se dispararon, lo cual dice mucho de los simple que puede llegar a ser el mercado inglés.

Y por último se puede hablar de aquellos vehículos que mantienen un nombre comercial para designar a un nuevo vehículo que no tiene nada que ver ni física, ni comercial ni conceptualmente con su homónimo, como es el caso del Mercedes clase A.

El Mercedes clase A “original” nació en 1997 tras una serie de problemas que se le presentaron a Mercedes. Por un lado el famoso fracaso del modelo en la hoy tan entredicha “prueba del arce” que obligó a retirar las pocas unidades que se habían entregado y a replantear desde fábrica un nuevo tarado de suspensión más duro y a incorporar el control de estabilidad como equipo de serie, a lo que hay que sumar las miles de unidades que se vieron afectadas por una fuerte tormenta de granizo cuando estaban en la campa de la fábrica, lo que obligó a muchas a volver a pasar por chapa y pintura para su posterior comercialización. En este punto es interesante comentar que la prueba del arce ralentizó también la puesta en escena del Smart, si bien para este modelo, aún a pesar de publicitar la incorporación del sistema de estabilidad, se limitaron a instalar un control de tracción, mucho más económico, pero que no suple en absoluto la funcionalidad y seguridad que otorga el primer sistema.

Cuando estos problemas se solucionaron, el Mercedes clase A llegó al mercado como el Mercedes pequeño, con equipamiento pequeño, pero con precio Mercedes. Contaba con cuatro opciones mecánicas, tres líneas de equipamiento y un precio de salida desorbitado que se podía aumentar con el infinito listado de opciones previstas para el vehículo, muchas de ellas nunca vistas en un coche de 3,57m, aunque por ejemplo, un climatizador no tuvo cabida en este coche que se conformaba con un simple aire acondicionado con termostato. Sea como fuera, este coche recibió tantas alabanzas como críticas, sobre todo debido a unos estándares de calidad mínimos nunca vistos en Mercedes (aún por debajo de los del Mercedes 190 W201), unos precios exagerados, y un motor diésel de 60cv que eliminaba de un plumazo cualquier mínima expresión de alegría al volante.

Entre sus ventajas, estaba la posibilidad de acceder a un Mercedes a un precio nunca visto (no entiendo esto, de veras) y su construcción tipo “sandwich” que permitía separar en dos niveles a los órganos motrices del habitáculo, ofreciendo un espacio interior relativamente amplio en relación al tamaño exterior. Por otro lado, los motes de gasolina, de dos válvulas por cilindro y compresión alta, eran sumamente tranquilos y económicos, pero con una entrega de potencia muy lineal que hacían al coche muy cómodo y agradable de conducir.

En el año 2001, se introdujeron unas mínimas reformas que incrementaban su longitud total hasta los 3,61m, se completó la oferta con nuevos motores (los A190 y A210) y aparece una versión alargada 17cm en la batalla, lo que le convertía su interior en un verdadero salón rodante, sobre todo en aquellas versiones en las que se sustituía el asiento trasero por dos butacas individuales. Yo he tenido la oportunidad de conducir varias ocasiones el Mercedes A210 Largo por las carreteras suizas y es justo reconocer que tiene una calidad de rodadura impresionante y sólo la utilización manual de su vetusto cambio automático puede empañar algo el panorama.

En el año 2004 aparece un nuevo Mercedes clase A. Se sustituyen ambas carrocerías por un modelo mucho más largo (alcanza los 3,84m) y que permite la posibilidad por primera vez de elegir la variante berlina con cinco puertas, o la variante coupé de sólo tres, aunque esta última haya sido un fracaso comercial y se haya retirado del mercado hace ya años.

Este nuevo Mercedes clase A ya era un coche más práctico para su utilización, con una calidad más correcta que su antecesor, mejorando también el espacio interior y ofreciendo un entorno al conductor menos colorido pero más elegante y mejor realizado. Aparece ya el climatizador automático, un nuevo motor de gasóleo escalado en tres niveles de potencia y se sustituye el vetusto cambio automático de cinco velocidades por un nuevo cambio por variación continua al que, una vez acostumbrado, no se le puede reprochar nada más que la incómoda y extraña utilización manual del mismo, que no dejaba de ser “muy Mercedes”. Respecto a este cambio por variación es interesante decir que nunca deja al coche tan sumamente muerto como el que utiliza Audi o Toyota, que en rectas llanas llevan el motor tan bajo de vueltas que las vibraciones llegan a ser molestas.

Sin duda alguna, este gran coche pequeño de Mercedes fue un estándar a seguir por muchas marcas intentaron copiar el concepto, pero que siempre se quedaron a años luz sin ninguna opción de presentar una alternativa real a Mercedes, y salvo el precio, poco se le podía reprochar al benjamín estrellado.

El problema, desde mi punto de vista, llega ahora en 2012 con la presentación del nuevo clase A, pero… es un clase A??? Definitivamente NO.

Comercialmente puede serlo, y de hecho no hay más que mirar la denominación del mismo, pero conceptualmente no tiene nada de clase A. El simpático minivolumen ha crecido en dos generaciones 71 centímetros hasta transformarse en un compacto más, con el que plantar cara a los flamantes Audi A3 y BMW 1, a costa de perder toda su esencia original. Quizás esté más adecuado a la demanda real del mercado y quizás fuera necesario para Mercedes disponer de este vehículo en su catálogo aunque sólo fuera para poder igualar su gama a la de las otras dos alemanas, pero se mire por donde se mire, no es un Mercedes clase A, máxime si recordamos que su modelo básico, el que promete ser el más vendido, lleva motor Renault.

Necesitaba Mercedes este vehículo??? La marca de la estrella ya lanzó en el año 2000 el modelo clase C SportCoupé, como un compacto deportivo de tres puertas, que fue un relativo éxito de ventas. En el año 2008 le hizo un pequeño lavado de cara, y lo rebautizó como clase CLC, pero fue sumamente criticado porque no dejaba de ser un C SportCoupé del año 2000 pero con la imagen y precio del clase C del año 2008. Esta operación de maquillaje fue un fracaso rotundo, aunque cuando se trata de las marcas alemanas, las revistas especializadas prefieren hablar de estrategia de mercado. Fuera como fuera, en el año 2011 Mercedes decidió sustituir la clase CLC por la clase C Coupé, en un golpe “magistral” carente de todo sentido, ya que el modelo nuevo no tiene nada que ver con el anterior y no es más que una respuesta económica y rápida a la creciente supremacía mercantil del BMW 3 Coupé y al gran éxito de ventas del Audi A5.

Las cifras de ventas de la antigua clase A siempre fueron aceptables. Las de la clase C SportCoupé permitían a la marca mantener el modelo. Las de la clase CLC fueron lamentables, y la nueva clase C Coupé, no acaba de despegar… Qué le pasará al nuevo clase A???

A ver, es un Mercedes y eso ya le da una aureola de exclusividad, pero no se debe olvidar que parte de un precio 25.500€ sin aportar nada nuevo bajo el sol. Lleva faros de descarga de gas de serie, si, es cierto, pero a cambio tiene unas lagunas de equipamiento difíciles de asumir y que incrementan el precio final hasta un mínimo de 40.000€ para poder disponer de un vehículo medianamente equipado, siempre de acuerdo con la información que la propia Mercedes ha puesto en el configurador.

Sea como sea, el consumidor tiene la última palabra.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s