La canción del pirata

Con cien caballos por banda, viento en contra todo el viaje, no corta la AP68, sino vuela, un Puntito azul. Bajel pirata que llaman, por su brabura Miguelito, en todas las carreteras conocido, del uno al otro confín…


Y así podría comentar como comenzaron los 2.500km que hice en una semana para viajar de Barcelona a Asturias y volver, incluidos, como no podría ser de otra forma, los viajes “domésticos” para el debido cumplimiento de mis obligaciones sociales y de ocio, que cómo quien no quiere la cosa, suman una barbaridad, pero bueno, no podía dejar de visitar El Entrego, Oviedo o Gijón.
Total que empecé el viaje el martes día 10 a primera hora de la mañana, con poco tráfico y una climatología tranquila, con un poquito de calor, pero sin que llegase a ser molesto en ningún momento. Salí de Barcelona por la A2 hasta Fraga, pero en vez de saltar al peaje en la salida 446 tal como recomienda el navegador y las señales viarias, seguí hasta la 433 por la autovía antes de decidir invertir en Abertis. No es la A2 un ejemplo de cómo se debe mantener una carretera en buen estado, y aunque en los últimos años ha experimentado un cambio significativo, el problema principal son los conductores que no usan el carril derecho (indicativo que de aún estamos en tierras catalanas) y el constante cambio en la velocidad máxima permitida, que no deja mucho margen a los controles de velocidad. Respecto al tráfico, es lógico pensar que hay mucho, ya que no sólo es una autovía gratuita sino que conecta numerosas ciudades industriales del interior de Cataluña.
Una vez que llegamos a la AP2, la cosa ya cambia. Comenzamos el viaje recibidos por esos pórticos antiestéticos que con tanta ilusión saludan a nuestro telepago y que nos abren durante 100km de autopista a un mundo maravilloso y en relativo buen estado, pero lleno de sorpresas. Por una lado está la señalización que nos avisa del inminente paso por el meridiano de Greenwich, que te hace pasar del lado este del mundo, al lado oeste; no hay porqué preocuparse porque no hay que atrasar los relojes, pero si que a veces pensamos sobre cosas trascendentales… Por otro lado está otra señal capaz de hacer pensar al más tonto, y que es la salida para ir… al mar de Aragón??? A ver, no voy a presumir de expediente académico, pero yo que pasé 3º EGB sin mucha pena ni mucha gloria, sé que en Aragón no hay mar, y eso por no decir que este tipo de bromas ante un viaje de 900km hace una gracia mínima. Investigando, investigando… descubrimos que el mar de Aragón es el embalse de Mequinenza, así que me quedo con las ganas de decirle a mis compañeros de autopista, que me voy a Asturias a bañarme en el mar Cantábrico, en el mar de Tanes, en el mar Encina, en el mar Enol y, si me apuran, en el mar de mi bañera!!!
Después de circular estos 100km vamos acercándonos a Zaragoza, la ciudad de la obra eterna. Llevo años pasando por Zaragoza y lo cierto es que no veo ningún adelanto en esas obras faraónicas que se están llevando a cabo en la circunvalación de la ciudad, que por cierto han estrenado un radar de tramo. Volvemos a ponernos de los nervios, vuelven a aparecer coches circulando por todos los carriles excepto por la derecha, vuelven a aparecer los constantes cambios en la velocidad máxima permitida… y los primeros conductores sonoros, esos que te tocan el claxon cuando circulamos a 80km/h en vías limitadas a 80km/h… A ver, si hay 4 carriles, manda narices que el único coche que circula por el carril de la derecha tenga que venir detrás de mi. No puede cambiar de carril y dejar de molestarme??? No; es español.

Una vez acabadas las obras, tenemos por delante 300km hasta llegar a Bilbao, y aunque tendremos que parar para comer y beber algo, tanto yo como el coche, no nos podemos demorar mucho ya que en Bilbao no espera un café con un buen amigo… Aún quedan muchos kilómetros, pero al llegar a Bilbao siempre tengo esa extraña sensación de que ya estoy en casa, y realmente me quedan aún tres horas laaargas. Por desgracia, el tiempo se empieza a torcer y comienzan a caer algunas gotas… La gran diferencia entre las provincias del norte de España y Cataluña respecto a la lluvia al volante, es precisamente, que no hay diferencia; bueno, ponemos las luces y los limpiaparabrisas, pero por lo demás, la verdad que no… ni hacemos el tonto, ni circulamos a velocidades inferiores a lo recomendable, ni vamos dando frenazos… limpias y luces, y a seguir, que lo que cae, analizado fríamente… ES AGUA!!! Si cayera lejía otro gallo cantaría…

Una vez llegados a Bilbao, se descubre lo que es una ciudad del norte de España, que se distinguen de Barcelona principalmente en que el coche cabe en el carril, algo que por ejemplo en la calle de Aragón o en la Gran Vía de las Cortes Catalanas no sucede. Lo segundo que descubrimos es que si nos paramos medio segundo a recoger a alguien no aparecen miles de taxis tocándonos el claxon, y lo último que nos sorprende… es que hay donde aparacar!!! Eso si, en el parquímetro hay que introducir la matrícula del vehículo para evitar la solidaridad entre ciudadanos, así que un gallifante menos para Bilbao!!!
Del resto del viaje, pues salvo por el cansancio acumulado y la normalidad, nada que contar si no fuera por el descomunal atasco que siempre hay en Santander en el cruce S10 – A67, y que debemos agradecer a los que decidieron situar la incorporación a la autopista en un polígono industrial… plas, plas, plas (aplausos!!!).
Cosejo: Para cruzar Santander, nada como ir a Santander, porque el estado de la N634 entre Medio Cudeyo y Carandia da pena, penita, pena…

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