Cuánto cuestan las cosas que no cuestan???

Pues no lo sé, pero me imagino que lo que dure el no-olor a las cosas que no huelen… El caso es que en tiempos de crisis, el mantenimiento de nuestros vehículos se está viendo seriamente afectado, pero seguimos usando el vehículo como si estuviera en perfecto estado, sin darnos cuenta que de a la larga sale caro… y ponemos en juego nuestra vida.

Siempre me ha gustado llevar tanto el mantenimiento como el entretenimiento del coche a punto y al día; cierto es que me gusta, pero mirándolo desde el punto de vista práctico, no sólo me sirve para pasar el rato en un típico sábado de aburrimiento mayúsculo, sino que además estoy invirtiendo de forma directa en mi bolsillo y de forma indirecta en mi propia seguridad personal y por tanto, en mi vida. Vamos, que para resumir lo importante que es tener el coche a punto, puedo afirmar que me sirve para ocupar momentos de aburrimiento, me permite ahorrar, y seguir disfrutando de mi vida con seguridad…

Mi primer contacto con el “mundo real”, se puede decir que fue preparando las vacaciones del 2005, cuando descubrí que las cuatro ruedas de mi Rover 75 estaban pulidas con 30.000 kilómetros!!! Hasta entonces, ante situaciones similares, lo habitual era ir a mi padre a quejarme, pero ahora, con el coche en propiedad, era un gasto que me correspondía sólo a mi. Qué horror! La extra de verano a tomar viento, o en este caso, carretera y manta… Total, que cuatro ruedas nuevas GoodYear HidraGryp y 500€ más tarde, y con las posibles vacaciones zarandeándose de lado a lado en mi cabeza, me puse a pensar… Lo primero que hice fue autoagradecer a mi inteligencia el haber optado por las llantas de 15″ frente a las de 17″ de serie en el coche, aunque es justo reconocer que en su momento lo hice por una cuestión de “higiene”, ya que las de 17″ tenían el diseño ideal para llevarlas siempre sucias, mientras que las de 15″ y radios eran más fáciles de limpiar. Lógicamente y aun con llantas de 15″, mi coche seguía siendo el Rover 75 Club, ya que tampoco me haría gracia que se confundiera con algún modelo de inferior dotación… De todas formar, había que buscar una solución para estos gastos “inesperados” de lo que sólo nos acordamos en el momento del desembolso.

Lo segundo que hice fue darme cuenta, que el gasto en el mantenimiento de un vehículo no puede ser imputado de forma exclusiva al momento del desembolso, sino que es un gasto continuo a lo largo de la vida y del uso del coche, así que decidí comprarme un hinchador autónomo Michelin para controlar la presión de los neumáticos en casa, después de comprobar que los equipos de las estaciones de servicio están todos hechos un circo. Este aparatito tan simpático tiene un precio medio de 60€ en cualquier gran superficie dedicada al automóvil y de 75€ en El Corte Inglés, pero gracias a él he conseguido que el segundo juego de neumáticos en mi Rover 75 me durara la friolera de 50.000km, por lo que puedo dar por requeteamortizada la inversión inicial. Llegado este punto es importante decir que no sólo hay que comprarlo, sino que luego hay que usarlo. Con esto quiero decir que no es cuestión de llevarlo en el maletero, sino que de vez en cuando conviene revisar la presión de los neumáticos y adaptarla al uso que vamos a hacer del coche (autopista, carretera, cargado, alta velocidad,…).

La tercera decisión importante en la carretera, fue dejar de utilizar la autopista Y (hoy autovía A66) de forma radical. Es una vía ruidosa, incomoda, saturada, poco segura, y además, por estar echa de cemento en vez de asfalto, se come los neumáticos con patatas!!!

La cuarta decisión, y la que más controversia levanta entre mis acompañantes, ha sido sin duda alguna el cambio en los hábitos y conducta al volante. Se acabó el circular a 180km/h, se acabó la conducción deportiva, se acabó el ir entrelazando curvas a lo loco… pero, se acabó la diversión? Pues no necesariamente. No sólo porque de vez en cuando, y en determinadas carreteras, parece que el coche pide guerra, como por ejemplo me pasa en la C31, en las curvas del Garraf, sino porque podemos aprender a disfrutar de la conducción sin necesidad de poner el peligro nuestra vida, nuestro bolsillo o nuestros puntos. No voy a perder el tiempo recordando que el exceso de velocidad, en el 95% de los viajes que hacemos, no nos permite ahorrar ni un sólo minuto, y que lo único que hacemos es tirar el dinero por la ventanilla y además, el imbécil.

Aprender a cuidar mis hábitos al volante, y a pesar de que de vez en cuando sale el lado salvaje, me permite presumir de una vida media de los neumáticos de 50.000km, y de no haber cambiado NUNCA ni amortiguadores, ni pastillas de freno, ni discos… y haber obtenido un consumo en carretera con el coche de 3,2l/100km en un viaje de 58km con el Fiat Punto con cambio robotizado de 6 velocidades, y esto, a la larga, es DINERO que he ahorrado en combustible, en neumáticos, en pastillas de freno,…

Pero en el caso de que tengamos el día tonto, también se puede ahorrar algo, o al menos, no gastar tanto, mirando un poco lo que hacemos. Nos compramos un súper mega turbo diésel de 250cv, con cambio manual y con más pulgadas en las llantas que en el plasma del salón, eso si, luego le ponemos las ruedas en Carrefour… vamos, lo que vendría a ser una aceitera virgen extra. Cuando llega el día de llevar “invitados” en nuestro coche, no sé porqué, pero circulamos apurando las marchas a lo loco, de una forma casi agresiva, como queriendo impresionar a nuestros amigotes, cuando en realidad les estamos dando el viaje. Y es que claro, enseñar nuestro coche nuevo a los amigos significa en el 99,99% de los casos, ir haciendo el gilipollas. Llegados este punto me pregunto… tan malo es tu súper turbo diésel que necesita ir al 75% de potencia para poder subir este repecho??? Hay alguna necesidad de ir a 80km/h en 3ª??? Te regalan el gasóleo??? Es una cámara oculta??? Lo peor de esta clase de domingueros rectilíneos, es que en zonas de curvas les adelanta cualquier utilitario llevado por un conductor algo más inteligente; cuando llega la minirecta, entonces es cuando , en un alto porcentaje, nos picamos, sacamos a pasear la yeguada, y adelantamos a todos los que nos habían adelantado primero, porque claro, con nuestro súper buga, sólo podemos ser los primeros!!! Después del viaje, en un intento de apaciguar las cosas, es cuando afirmamos que, conduciendo así, hacemos 2.000km con un depósito (esto es real, eh? que lo tengo en la familia). En este momento omitiré la tontería de arrancar el coche y calentar la mecánica dando acelerones, porque me imagino que esto no lo haréis… espero.


Se puede disfrutar en una carretera de curvas conociendo las prestaciones de nuestro coche y siendo conscientes, lógicamente, de sus limitaciones, pero sobre todo, sabiendo conducir. Si entre curva y curva hay una distancia prudencial, se puede insertar una marcha más larga, para economizar y hacer más cómodo el viaje, pero no para acelerar como locos, sino para mantener la velocidad y reducir el giro del motor, lo que hará el viaje más cómodo y económico. Cuando nos acerquemos a la siguiente curva, reduciremos una o dos marchas, aprovechando el freno motor, con lo que aliviamos la presión sobre los frenos, y con ello, su desgaste. En este punto es muy importante hacer saber, que si cuando aceleramos a fondo llegamos a un régimen de vueltas elevado, y no pasa nada, cuando se reduce, también se puede hacer llegar al motor a dicho régimen, y tampoco pasará nada. Lo que no puede hacerse, es esperar que el motor llegue casi al régimen del ralentí para  reducir la marcha, porque lejos de aprovechar el freno motor, estaremos  haciendo el imbécil, estaremos tirando el combustible y desgastaremos más las pastillas y discos de freno, la suspensión, los neumáticos, los nervios, y la paciencia de nuestros acompañantes y la del conductor del vehículo de detrás…

Por último, afirmaré que el enemigo público número uno de nuestros bolsillos, somos nosotros mismos!!! Siempre he respetado que cada uno haga con su dinero, su coche y su tiempo lo que le dé la gana, pero de verdad, considero que los desplazamientos de menos de 50 metros, se pueden hacer andado, o como mucho en servicio público. La utilización inteligente del vehículo no pasa por recitar el teorema de Pitágoras mientras conducimos, sino en saber cuándo lo debemos usar, y cuándo no. Me llama la atención aquella gente que hace años que no coge un servicio público; de veras, que no lo puedo entender. Si se vive en una ciudad, o hacemos el desplazamiento entre dos puntos correctamente comunicados, porqué no usar el servicio público? Porque tenemos coche? Caray, también tenemos lavadoras y no salimos con ellas a tomar el café, no? (Yo al menos…)

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