Los coches de mi vida

Nací en 1976, y aún así, los dos recuerdos más antiguos que tengo con claridad, son del 31 de julio de 1980, cuando mi padre compró el Peugeot 505, y del 8 de julio de 1982, cuando falleció mi abuelo. Todos los demás recuerdos de entonces, son sólo imágenes vagas o nublosas del nacimiento de mis hermanos, del Seat 124D, o de cómo en el primer día en el colegio de los PP Dominicos de Langreo me metí directamente en la cola de 2º EGB.
 
En esta entrada voy a hacer un pequeño repaso por todos aquellos coches que han dejado en mi una huella positiva. He probado cientos de coches distintos, pero de los que no me han gustado no diré nada, porque entre otras cosas, quizás sus dueños puedan leer esto…
 
Sin duda alguna, el primer coche que entró entró en mi archivo de buenos recuerdos fue el Peugeot 505 GR del año 1980. Recuerdo perfectamente el día que entró en mi casa, y como mi padre llegó, lo metió en la rampa y lo enseñó a los presentes, asistenta incluida. Blanco por fuera y con tapizado azul, carente de ningún elemento de confort, este Peugeot estuvo al servicio de la familia durante 15 años. En este coche aprendí a conducir un sábado en La Chalana mientras mi madre hacía una paella en la barbacoa que durante tantos años nos acompañó en nuestros desplazamientos domingueros,. Hay que señalar, que las malas lenguas sostienen que cuando mi padre compró este coche, tenía la intención de comprar un Renault 18 GTS.
 
Durante los 15 años de fiel servicio, sus 96cv nos llevaron a todas partes, y dentro de mi cabeza está el recuerdo de los viajes con los cinco hermanos “acomodados” en el asiento trasero (con casco para vomitar, incluido) y de esos sábados en Carrefour (de aquella Pryca). Viajes a los lagos de Covandona (con la dichosa barbacoa negra y roja…), las vaciones en Gijón, un finde en León… eso si, siempre con papá y mamá dirigiendo la expedición. Este coche llevaba también incorporado la gamuza en el asiento de atrás para limpiar el vaho del cristal trasero (nunca entendí porque nunca se ponía el desempañador eléctrico) y una maldita caja roja, que lejos de ser de Nestlé, era la venganza materna en forma de las peores colecciones de cintas de audio, entre las que destacaba la cuatro cintas de María Dolores Pradera, con su carátula negra y esa vieja rubia en portada que tanto asco nos daba y que “amenizaba” nuestras excursiones familiares. Me imagino que después de tanto tiempo, mi padre ya sabrá que esa caja roja quedó en el coche cuando lo vendimos allá por 1995. Sólo espero que siga pensando que fue por descuido…

La única “pena” de este coche es que por aquel entonces, Manolito, el chófer de mi padre tenía un Peugeot 505 SR, que tenía dirección asistida, elevalunas, cierre centralizado y techo solar, a parte de que el león del volante, en vez de estar centrado, estaba a la derecha…

Un salto en el tiempo de 15 años, y nos plantamos el 27 de octubre de 1995, cuando se jubiló el Peugeot y entró en casa el Lancia Kappa LE 2.0 IE 20v Power Drive, familiarmente conocido como el Kappa. Para evitar echar de menos al Peugeot, se compró blanco por fuera y azul por dentro, para variar que se dice… El Kappa, con una anchura exterior de 1,83m, era un vehículo muy amplio, en el que si cabían perfectamente 5 adultos, y además con un maletero de 525l, lo que le hacía perfecto para viajar. Recuerdo perfectamente la cara de mi padre cuando el mismo día de la entrega pasamos por los túneles de la AS17 para ir a casa y se encendieron todas las luces interiores, la pantalla del climatizador y del ordenador… bufff, creo que en ese momento, y con tan sólo 10 minutos en nuestras manos, se nos había olvidado definitivamente el Peugeot.

Una vez en marcha, la suspensión dura y el cambio corto (quizás demasiado) le hacían un devorador de kilómetros, con una fuerza para subir de vueltas que parecía no tener fin, y que gracias al doble sonido que le imprimía el variador de fase de las válvulas a su motor de 5 cilindros, era como tener un Lancia hasta 3.000rpm… y un Alfa Romeo por encima dicho régimen. Siempre iba pidiendo guerra, como pidiendo más velocidad.

En autopista era el señor, con un coeficiente aerodinámico (cx) de sólo 0,28 que mantenía el habitáculo libre de ruidos molestos típicos de altas velocidades, lo que me permitió hacer varios viajes por la A6 superando los 175km/h con total seguridad. Me gustaba mucho de este coche el limpiaparabrisas articulado que daban una visibilidad perfecta en las lluviosas noches asturianas, y las bisagras del maletero montadas en la estructura lateral, lo que permitía llenar el maletero hasta arriba sin preocuparse si luego cerraría la tapa. Lógicamente, con este coche llegó mi primera y única multa por exceso de velocidad.

Este coche fue un adelantado a su tiempo, y tecnológicamente superaba a todos sus rivales de largo, así su motor es, aún a día de hoy, el grupo propulsor con los cilindros más cercanos entre si, y a pesar de sus cinco cilindros era un motor realmente compacto. Otro “detallito” es que a pesar de ser un tracción delantera, el conjunto motor-cambio esta centrado respecto a la arquitectura del coche, lo que permitía disponer de dos semiejes de igual tamaño, traduciéndose en unas aceleraciones sumamente estables incluso en curva, y un comportamiento intachable en todas situaciones… En fin, que no se note mucho, pero con este coche, yo de veras que sentí una compenetración integral entre conductor y máquina. 

La única desgracia que tuvo mi padre con este coche fue comprarlo cuando yo saqué el carné de conducir; En fin, sigamos…

En 1997, el Volkswagen Polo murió con 11 años y 115.000km, y sin poder haber demostrado nunca la supuesta calidad alemana. No fue un coche que haya resultado bueno en ningún aspecto, y tanto la mecánica, como la calidad y los materiales eran sumamente lamentables. Así que con esto de que a rey muerto, rey puesto, entró en mi casa el Lancia Y LS 1.2. Por aquel entonces, el coche se ofrecía en 113 colores exteriores, pero claro, como no podía ser de otra forma, fue blanco. Eso si, el tapizado y el salpicadero tenían un color rosa de día y morado de noche gracias al tratamiento tornasolado de las fibras textiles que lo conformaban.

Menudo cambio respecto al Volkswagen Polo!!! Bufff, es que era otro mundo. Con elevalunas, altavoces para la radio (el Polo sólo tenía uno en el centro del salpicadero), cierre centralizado, cinturones de seguridad en todas sus plazas… Pero dónde destacó este pequeño italiano, sin duda alguna, era su comportamiento en carretera; con sólo 60cv, su elevada cifra de par hacía que no se echara para atrás en los repechos, y con dos personas podía subir perfectamente la autopista del Huerna en 5ª, algo que el Polo… en fin, vamos a no hablar mal. Sin duda alguna, me atrevo a decir que las mecánicas de muchos coches urbanos de hoy en día, no le llegan a la suela de los taqués de esta enésima evolución del motor Fire del grupo Fiat. El coche dejó nuestra familia en 2008 y sigue rodando por Badajoz, con más kilómetros de los que nadie se pudo jamás imaginar…

Saltito hasta diciembre de 1999, para darle un abrazo al coche más simpático, y uno de los que más cariño despertó en mi entorno. Demos la bienvenida al primer Smart matriculado en Asturias. Cómo llegó este coche a mis manos es muy largo de contar, y cómo muchos ya lo sabéis, voy a omitir pasos, porque fue algo así como una titularidad compartida. Aún así, para mi, el Pitufo, la Pulga, el Guisval… se convirtió en mi compañero de fin de semana y de verano durante muchos años.

45cv, sin dirección asistida, sin radio los tres primeros años, pero inseparable. Las cuestas arribas interminables, la comodidad inexistente, un consumo en carretera elevado y el cambio de marchas lento como la recuperación económica de España… pero de verdad que se hizo un huequecito en mi corazón. En media hora quedaba limpio por dentro y por fuera, depósito lleno con 20€, y un auténtico juguete en ciudad y carretera, quizás excesivamente subvirador. Todo el mundo preguntaba si era necesario el carné, si podía circular por carretera… A todo el mundo le gustaba. Eso si, de todos los coches que están en esta entrada, fue al único que había que echar aceite de vez en cuando, y el mantenimiento en el concesionario Mercedes de Oviedo era un auténtico robo; cobraban más aceite del que cabía, más tiempo del que había estado en el taller… así que paso sus últimas revisiones en el taller de Fiat – Lancia. Cierto es que pasé pena cuando se cambió en 2006 por el Fiat Panda Dynamic 1.2 Dualogic… mucho más práctico, pero sin el encanto del mi Pitufito.

Otro saltito en el tiempo, hasta la navidad de 2003-2004; Llega el dos de enero, cuatro días para Reyes, y mi padre con la cabeza sabe Dios dónde. Total que después del telediario (sagrado en mi casa) vamos para el concesionario Fiat – Lancia, y nos ofrecen cuatro coches a un precio maravilloso. Entre ellos estaba en recién estrenado Lancia Ypsilon que me encantaba, pero mi padre se fijó en un Km0 sumamente interesante, y dos horas más tarde, ya estaba en casa el nuevo integrante de la familia y el mejor regalo de Reyes de todos los tiempos, el Fiat Stilo Active 1.2 3p.

2011-04-03-5Recuerdo que ese mismo día salí por la noche por Gijón y volviendo por la autopista me quedé un poco extrañado de que el coche “no tirase”… Claro, seis velocidades sumamente largas para un coche de 80cv igual no era la mejor elección, sobre todo después de siete años usando el Lancia Kappa, este me resultaba descafeinado… un poco como el Smart. Es lo que en Asturias, algunos llamamos “modelo Castilla”, porque si quitamos el tema de las cuestas, es un coche con un comportamiento sumamente noble, un maletero capaz, y una comodidad muy superior a lo esperado acompañados de unos consumos muy correctos, que una vez más, hacen olvidarnos de las aceiteras. Importantísimo también, la radio CD!!! Sin duda, la elección de mi padre resultó ser mucho más correcta que si hubiéramos cogido el Lancia Ypsilon, y de hecho, a día de hoy, con 195.000km, sigue dando fiel servicio a la familia.

Este mismo año 2004 comienzo a trabajar con nómina, y decido tirar la casa por la venta. Empiezo a trabajar en un grupo de concesionarios, y entre las marcas estaba Rover, así que no pude más enamorarme de un Rover 75 Club 2.0 CDTI de color azul marino intenso. No sé porqué, pero fue un impulso. De usar a diario el Fiat Stilo, con menos de un año, nuevecito, y que me servían para recorrer los 14km que separaban mi casa de mi trabajo, fue cuestión de dos días que me encapriché del coche. Lógicamente era el más alto de la gama, con todas las opciones disponibles, e incluso con navegador incorporado, que tantas veces me sacó de tantos apuros. Recuerdo que lo primero que hice cuando lo estrené fue ir a Gijón a enseñárselo a mi hermano pequeño y para que lo probase.

Fue otro coche que resultó encantandor, a todo el mundo le gustaba y era mucho más cómodo que el Lancia Kappa, aunque no tenía la agilidad del italiano, ni de lejos, lo que hacía que de vez en cuando necesitase darme un paseo con el Lancia para sentir emociones. El Rover 75 era el coche del trabajo, y el Lancia Kappa el coche para las emociones. Además, creo que en casa nos gustaba a todos y nunca tuve reparos en dejárselo a mis hermanos, a mi padre o a amigos que se casaban.

En carreteras, y gracias a los 135cv, tenía un comportamiento muy noble, y aunque no era el mejor coche para las carreteras asturianas, el autopista se portaba muy bien, y con un consumo medio que nunca pasó de 6,2l/100km (era diésel). También es cierto que con este coche, mi padre dejó de “aflojar” la cartera y ya tuve que empezar a controlar velocidad, consumo y cuidados. Aún así, y aunque alguna vez le daba alguna alegría al motor, con este coche aprendí a conducir tranquilamente.

Por dentro, asientos, moqueta y salpicadero eran de piel beige, y los asientos eléctricos y calefactables hacían los viajes más cortos. Disponía de un sistema de climatización con un funcionamiento espectacular y, como novedad en mi casa, fue el primer coche que pasaba los mantenimientos según la forma que se condujese (me los pedía cada 22.000km más o menos).

Con este coche, y un subnormal que venía detrás, tuve un pequeño accidente el 4 de septiembre de 2006, del que me han quedado aún a día de hoy, pequeñas molestias cervicales y un sentimiento de venganza tremendo, y aunque me arreglaron toda la trasera del coche, me obsesioné y lo acabé vendiendo. En dos años, hice 90.000km, sólo había cambiado los neumáticos a los 30.000 y a los 80.000km y las pastillas de freno eran aún las originales. A día de hoy, aún anda por Oviedo.

Durante unos meses, y por cuestiones de logística, di un salto en el tiempo hasta 1995 para usar el Fiat Bravo S 1.9D. Dejé de lado los elevalunas, el cierre, el aire acondicionado… vamos, dejé de lado todo para volver a conducir un coche que con 65cv y 255.000km me impresionó tanto por su robustez, por su motor, por su irrisorio consumo y por lo cómodo que era, que se merece estar aquí en esta pequeña lista de memorias, porque de veras que lo recuerdo con mucho cariño.

Cuando vendí el Rover, y hasta que me llegó el Fiat Punto, usé a diario este pequeño bólido. Debo decir que con limitaciones lógicas, así recuerdo que para acudir a la feria Arco 2007 dejé este coche en casa y fuí con el Lancia Kappa, y en otras ocasiones, debo reconocer que durmió alguna vez en el aeropuerto. Incluso sirvió para enseñar a mi hermana pequeña a conducir, bueno, o a mover un coche.

El 23 de abril de 2007, y a pesar de la encerrona que me tenían montada en el concesionario, al gerente se le escapó que ya tenía mi coche listo, y ese mismo día por la tarde recogí mi Fiat Punto Dynamic 1.2 M-Jet Dualogic, para el que recuperé el mote de “mi Pitufo azul”, el mismo que usé durante tantos años para el Smart. Cómo anécdota curiosa a recordar, la primera persona a quien dejé el coche, lógicamente, fue a mi padre, y la segunda a mi hermana pequeña, ya con el carné, que un mes antes la había aburrido en el polígono de Riaño para que aprendiera a usar el embrague con suavidad, y ahora la dejaba un coche automático; no sé, pero creo que no soy muy didáctico…

Espero que tanto este Punto como el recientemente incorporado Lancia Delta Platinum 1.8 DI Turbo sean merecedores en unos años de una entrada como esta. Por ahora, creo que si…

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